Mune a ti. Llueve sobre mi carne antes de que las sombras me devoren. Destruye mi carne nítida y sorbe los jugos intangibles de mi vida Cuántos poemas habrán muerto entre tus labios para que ahora pueda escribirte yo este.
Espero en la espera. Me desespero en la desesperación. Quiero saber de tu luz y encontrarme con ella, que me hiera las amígdalas y vomitarme súbitamente para poder tragarla. Mi voz se escarcha, se agrieta; entonces las palabras recorren y rellenan los recovecos y me sanan las heridas.
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